Bebé ideal versus bebé real: Nueve meses de fantasía y una vida de realidad

Por considerarlo de mucho interés, comparto una nota publicada en la página de Facebook Duérmete Hannibal. Definitivamente, el papel de los miembros del equipo de salud, debe ser redefinido en lo que se refiere a vigilancia prenatal, atención de la labor y el parto, en la lactancia,seguimiento del crecimiento y desarrollo de los niños, y puericultura. Se requieren nuevas competencias, una actitud diferente; y esto implica cambios en la formación. “Desmedicalizar” estos procesos no va ser fácil. Brindar apoyo, soporte, acompañamiento y consejería oportuna; vigilar e identificar señales de riesgo, intervenir lo menos posible; pero, cuando es necesario, intervenir oportunamente… Definitivamente es un largo camino, pero es necesario emprenderlo dando el primer paso.

Y un buen día nos embarazamos. ¡Ahhh, qué dicha! Pasamos nueve largos meses acariciándonos la barriga, comprando ropita, recibiendo regalos y visitando al médico más que nunca en nuestra vida. Pero estamos felices. ¡Esperamos un bebé! Y junto con la barriga, nos crece la imaginación y la fantasía. La mente se va a pasear mientras pensamos cómo será su carita, qué nombre le pondremos, a quién se parecerá, qué cosas le gustarán y cómo pronto nos convertiremos en esa familia feliz digna de foto de revista. Soñamos con alimentar a nuestro bebé en una habitación hermosamente decorada, con luces tenues y un cómodo sillón para amamantar mientras miramos por la ventana y derramamos una lágrima de emoción al ver su plácido rostro succionando de nuestro pecho, de nuevo, como nos muestran muchas revistas de maternidad.

Pero luego, nace el bebé. Y después de la clínica, volvemos a casa. Y ahí comienza la vida real. Sabíamos que los bebés lloraban, pero no pensábamos que tanto y tan fuerte. No creíamos que este bebé iba a querer estar en brazos TODO EL DÍA, ¡si para eso compramos la cunita! ¡Y la última mecedora con vibrador y sonidos de la naturaleza! ¿Y cómo era aquello de que comían cada tres horas? Nuestro bebé pide pecho cada hora, u hora y media, ¡o menos!… ¿será que no se llena? Y nos duelen e incluso sangran los pezones, pero alguien nos ha dicho que es normal, que dar de mamar duele… Y hacemos de todo para que por fin duerma un rato, pero él se resiste. Y llora. Y cuando deja de llorar y se duerme (ahhh, esos gloriosos 20 minutos), lloramos nosotras. ¿Pero qué ha pasado? No era así cómo nos lo contaron.

Pues no. Y en tanto no logremos entender y desmitificar las necesidades reales de los recién nacidos, y dejemos de pensar que están embracilados, mañeros y malacostumbrados, no podremos conectar con eso que nos están pidiendo y seguiremos luchando para que no nos necesiten tanto, para que sean “como deben ser los bebés”, y seguiremos proyectando “bebés ideales” que nada tienen que ver con los que tenemos en casa.

Muchas mujeres atraviesan el embarazo y el parto en un estado tan infantilizado, tan “médico-dependiente”, con tantos temores y acatando indicaciones, que entran en el universo de la maternidad arrastrando una gran bolsa de carencias, miedos, desconfianza en ellas mismas y una fuerte necesidad de ser maternadas, más que de maternar. ¿Cómo podemos sostener entonces a un bebé, si lo que necesitamos es que nos sostengan a nosotras primero? ¿Cómo no vamos a angustiarnos, frustrarnos y desesperarnos si la concepción que tenemos de cómo debería ser nuestro bebé soñado no coincide para nada con cómo es nuestro bebé real?

Nosotros pensamos que existen tres cuestiones primarias que son de absoluta necesidad para afrontar con madurez y empoderamiento un embarazo, un parto y luego la crianza de un bebé.

La primera, el autoconocimiento. Revisarnos y aprender más sobre nosotras mismas. Saber de qué se trata el puerperio para comprendernos y transitarlo de la mejor manera posible. El trabajo de indagación personal que nos regala la llegada de un bebé es algo que no deberíamos desaprovechar nunca. Conocer nuestros puntos oscuros. Ir hacia atrás en nuestra historia personal, entender nuestra infancia, lo que nos faltó, lo que entendemos que podría haber sido de otra forma y no fue, para poder digerirlo y empezar a recorrer el camino del perdón hacia nuestros padres y de la sanación del niño herido que todos llevamos dentro. Esto nos ayudará a no repetir esas falencias cuando ahora nos toca ser nosotras quienes debemos brindarnos por entero a nuestro bebé, que nada tiene de mañoso ni de manipulador, sino que sólo pide de manera desesperada nuestra presencia, nuestro calor, nuestro alimento, nuestro cuerpo, es decir, lo que necesita cualquier bebé humano.

En segundo lugar, el sostén del entorno, encabezado por nuestra pareja y, si no la tenemos, nuestra familia y amigos más cercanos. Y si tampoco tenemos o los que tenemos no lograr cumplir esa función de sostén real, de no juzgamiento, de escucha y de compañía que necesitamos, pues hay que salir a buscar todo eso afuera. Existen grandiosos grupos de apoyo a la crianza y la lactancia que han ocupado y siguen ocupando un lugar irreemplazable en la vida de muchas mujeres incluso muchos años después de la llegada de sus bebés.

Y en tercer lugar, la información. La verdadera, la necesaria. La que destierra mitos. La que explica por qué los bebés son como son. La que nos habilita a reconectarnos con nuestro instinto, con eso que ya sabemos en realidad, pero que está adormecido y hasta bloqueado por todas las creencias y prácticas conductistas de la puericultura actual. La que no nos pone de la vereda de enfrente de los bebés, sino que nos ayuda a entender mejor y a amar y criar sin prejuicios a nuestros hijos.

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